Un concepto erróneo

Un concepto erróneo.
Yo no sabía que era un psicólogo, siempre lo asocié con personas ayudaban a los locos con limitaciones psíquicas; también pensaba que era una especie de cotilla que hurgaba dentro de pensamientos retorcidos; pero estaba totalmente equivocado, y les voy a contar como me di cuenta de mi error. Una tarde calurosa de verano de 1911 caminaba por mi hermosa ciudad, Viena; lo hacía de forma habitual para calmar mi hiperactividad, y tal vez por lo mismo, no lograba centrar mi atención para hacer las cosas, impidiendo lograr todo lo que me proponía, todo se quedaba siempre a medias; pero en aquel entonces se le daba poca importancia a ello y me acostumbre a vivir con un estigma del tonto y del perdedor. En fin, continúe mi paseo pensado esto; cuando al girar mi rostro hacia un lado, vi un letrero de madera que decía: Psicólogo, “Estudios de la Mente”, tercera planta derecha. Las palabras me inquietaron parecía que el cartel hablaba conmigo, y tal vez mi necesidad y curiosidad, me hicieron dar pasos hacia aquel portal de forma inconsciente, mientras caminaba me pregunté varias cosas:
¿Qué será un Psicólogo?, ¿Cómo estudiará mi mente?, ¿Sera un charlatán?, o ¡Puede que
por fin sepa porque soy así!.
Sin vacilar seguí. Al tocar la puerta esta se abrió sola, se notaba la clara intención de tenerla así; al entrar saludé dando las buenas tardes, al decir esto, salió un hombre de mediana estatura, de unos cincuenta y tantos años totalmente encanecido y un poco calvo, le dije estoy aquí por el cartel, no sé qué es un psicólogo; pero si usted puede estudiar la mente, creo que me puede ayudar. Me hizo pasar a una habitación contigua donde había un ambiente distendido y bastante agradable; empezó hablar y me dijo que él era un psicólogo y ellos estudian la conducta humana, sus cambios, la salud mental; para ayudar a las personas a cambiar sus pensamientos, emociones y conductas, también añadió; actualmente estoy experimentando con nuevas terapias de ayuda; pero necesitas hablarme de ti. Por más de una hora estuve abriéndome a mis luchas, mis traumas, mis temores, mis
pensamientos más oscuros, buscando el porqué de mi forma de ser. Al terminar sentí haberme quitado un peso de encima, descubriendo como padecía un déficit de atención y un trastorno obsesivo compulsivo, y aunado a varios sucesos de mi infancia, estos habían predispuesto a tener una baja autoestima; que me impedía lograr todo lo que me proponía. Definitivamente si no hubiera tenido la ayuda de un psicólogo, no hubiera podido controlar mejor mis emociones, impulsos y carácter para ser quien soy; porque la psicología ayuda a las personas a ser mejores. Por cierto, nunca lo dije el psicólogo que me ayudo se llamaba Sigmund Freud.

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