Huellas En La Arena

Vinka se pierde en sus pensamientos mirando al mar embravecido de levante. Pasear por la playa se ha convertido en su bálsamo, en su modo de escapar momentáneamente del vacío que ha quedado en casa desde que Julio se marchó con sus dos hijas.
Mucha gente había opinado sobre su vida, sobre su falta de control, sobre su papel de madre, esposa y mujer, sobre su capacidad de educar a las niñas, de hacerles llevar una vida en orden… Todo el mundo tenía algo que decir. Desde que la maestra de su hija pequeña los citó urgentemente en el colegio a ella y a su marido porque Irene llevaba manchado el baby, todo se había vuelto una pesadilla en la que los Servicios Sociales les amenazaban inicialmente con retirarles a las dos. Más avanzada la intervención, optaron por concederle la custodia al padre, a quien no consideraban responsable de todas las cosas que habían dicho sobre ella.
No recordaba cuándo había comenzado su desgana vital. Ella era feliz con Julio, Irene y Helena. Hacía todo lo que podía por ellos, les dedicaba su tiempo, a costa de su crecimiento personal, de su propia satisfacción. Un día, decidió no poner la lavadora ni planchar, no le apetecía ir a hacer la compra, ni limpiar el baño. Ni siquiera le motivaba poder tener un rato para ella misma, para leer un libro, ver una serie en televisión, o quedar con su amiga Marina para tomar un café.
Marina era la única que siempre había estado y estaba ahí, para mucho más que un café y contarse confidencias. Ella era quien le abrió los ojos hacia una nueva luz, hacia la idea de solicitar ayuda de un profesional que le brindara verdadera ayuda y orientación, que pudiera enseñarle técnicas y darle herramientas para hacerse cargo de su vida y sus responsabilidades.
Fue muy difícil dar el primer paso, sintiéndose sola, e intentar afrontar su vida cotidiana, hacerse cargo de las cosas más básicas, poder ser quien era en realidad. Consiguió acopiar valor e hizo la llamada al número que Marina le había dado. Y concertó una primera cita con aquel Psicólogo.
No sabía a qué se exponía, pero estaba dispuesta a hacerlo, por ella, por sus hijas, por su futuro.
Hoy Vinka vuelve a pasear por la playa de siempre. Está renovada por dentro. Su esfuerzo ha dado fruto, se dejó guiar y aprendió una nueva forma de vivir, la que siempre había deseado. Le gusta el trabajo que consiguió, le gusta realizar el esfuerzo de mantener su hogar limpio y en orden, y hacerse cargo de sus responsabilidades del día a día. Le gusta disfrutar. Se siente viva.
Siempre había pensado que solo los locos iban al psicólogo… pero descubrió que todos dejamos huellas en la arena, que las olas borran después.

 

Ulises Grant